El sonido del corno francés marcó mi vida. Es un instrumento que suena heroico y nostálgico: Iván Francisco Camacho Ramírez

Este 16 de enero, el joven cornista realizará su examen profesional para obtener el título de Licenciado Instrumentista en corno francés, en el Auditorio de la Biblioteca Vasconcelos

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Rodeado de sonidos populares que formaban parte de la vida cotidiana de su familia paterna. Iván, cornista originario de Toluca, Estado de México, inició su camino en la música a los cinco años.  Su primer instrumento fue la trompeta, una elección natural dentro de ese entorno musical. Sin embargo, durante su participación en el programa Esperanza Azteca, y por circunstancias que escapaban a su control, tuvo que cambiarla por un instrumento cuya forma destaca e intriga a golpe de vista porque no se sabe si es una caracola hecha de bronce o un laberinto circular armado con un tubo enrollado de hasta cinco metros: el corno francés.   

El sonido e historia de este instrumento, que data del siglo XVI, lo atrapó desde el primer momento, ya que su origen se remonta a los cuernos de animales o caracolas que se utilizaban para anunciar el tiempo de cacería o para hacer llamados en momentos de guerra. Para Iván “[Es un instrumento] tanto heroico como tranquilo y bello”, una dualidad que terminó por definir no solo su elección instrumental, sino también su camino profesional.

Durante los veranos de 2018 al 2020, durante su estancia en la Orquesta Sinfónica Infantil de México (OSIM), la música se convirtió en un eje muy importante de su vida: ensayos, conciertos y estudio constante, sin olvidar los momentos de recreación con sus compañeros y compañeras, lo llevaron a descubrir que aquel gusto de la infancia podía transformarse en una profesión.  Su experiencia en este programa impulsado por el Sistema Nacional de Fomento Musical  marcó un antes y un después en su formación, porque ahí comprendió y valoró el trabajo colectivo que existe dentro de una orquesta “me enseñó a valorar la disciplina, porque todos tienen que estar tocando al 100%, porque si un elemento falla, se derrumba todo”. 

Más adelante continuó su preparación en el Conservatorio de Música del Estado de México; sin embargo, por cuestiones administrativas ajenas a su desempeño, tuvo que interrumpir sus estudios, un momento de incertidumbre que lo llevó a buscar nuevas rutas para seguir adelante. Fue entonces cuando decidió apostar por la Orquesta Escuela Carlos Chávez. 

Sin avisarle a nadie, ni siquiera a sus padres, presentó la audición. “Estaban muy sorprendidos porque nadie de mi familia había salido de Toluca a estudiar. Al principio tenían sus dudas, pero al ver todo el trabajo que se hace acá, cambiaron de opinión”, recuerda Iván. 

Aquella decisión tomada de manera unilateral e independiente le abrió la puerta a una etapa decisiva en su vida musical y personal, pero a su vez le planteó otro claro objetivo: regresar a Toluca para compartir lo aprendido y abrir caminos para nuevas generaciones. Haber tenido que salir de su ciudad natal para continuar su formación le hizo evidente la necesidad de fortalecer los espacios de enseñanza musical en su lugar de origen, una deuda que hoy busca saldar a través de la difusión y la enseñanza de la música.

Su paso por la Orquesta Escuela Carlos Chávez ha estado marcado tanto por su crecimiento artístico como por su formación personal. Acompañado de su maestro, Javier León, Iván fortaleció su desarrollo profesional a través de ensayos y clases que iban desde el trabajo solista (como la preparación de conciertos) hasta la exigencia del trabajo colectivo dentro de una orquesta. Además, la posibilidad de presentarse con distintas agrupaciones y colaborar con otros proyectos musicales fue clave para consolidar su trayectoria y entender la música desde una perspectiva más amplia, “lo que más me ha gustado [de estar en la Chávez] es la forma de enseñar de mi maestro, con él no solo veíamos repertorio de solista o extractos de audición, sino que además nos apoyaba mucho cuando íbamos de músicos extras a las orquestas, yo creo que él me ha ayudado demasiado” comenta.

Más allá de lo académico, la Chávez también se convirtió en un espacio de comunidad. Ahí encontró compañeros y amigos que lo impulsaron en momentos decisivos y lo acompañaron en su proceso de crecimiento. Como él mismo lo expresa: “Me han ayudado a crecer, a ser mejor persona y, sobre todo, a ser firme con el camino que tengo que tomar”.

A pocos días de su titulación, Iván se encuentra emocionado por cerrar una etapa que marcó de manera profunda su formación musical y personal. La Chávez representa para él un punto de llegada, pero también de partida: el inicio de una nueva etapa como instrumentista profesional dentro de la Orquesta Sinfónica del Estado de México, donde continúa construyendo su camino en los escenarios.

                                                                                                                                                                        MGTNO